24 de agosto de 2008

Salario, wage, Lohn, salaire, plac

SUMMER TALE

Unos 1.400 € mensuales, si puedes compartir la habitación con otra persona de tu edad y sexo.
Unos 1.700 €, si no.
Eso es lo que te cobrarán en este asilo, de acuerdo con los documentos públicos a los que tienes acceso en el tablón de anuncios y que leí cuando llevaba más de 10 minutos esperando a que me recibieran. Me pareció cara, la verdad. Como residencia. Y como asilo, carísimo. Visión de futuro de la hermandad, de la santa hermandad, de la caridad de alguna congregación a la que pertenecieron ilustres, como Calderón de la Barca. Segmentación de clientes y de oferta.

Mientras espero a que me atiendan, junto a la recepción, en unos bancos de madera de estilo Ikea -sorpresa y modernidad para una residencia de ancianos establecida en un antiguo convento- se cuelan dos jóvenes septuagenarios hacia los ascensores. Desde la recepción les reprimen porque llevan botellas de vino en unas bolsas de plástico. No contestan. Siguen caminando hacia el ascensor.

-Buenas tardes, me saluda el primero.
-Buenas tardes, le devuelvo.
-Buenas tardes, segundos después, me saluda su compañero.
-Buenas tardes, le replico.

¿Consistirá en esto el trabajo? ¿Esperar sentado a la fresca, a que los residentes y las residentas regresen de su paseo vespertino, como los mozos en tiempos de la leva, del servicio militar, cuando tenían paseo a las 6 de la tarde, hasta las 9 como máximo?

Estos jóvenes han vuelto pronto, apenas son las 7 y media de la tarde.

Aparecen dos personas, más, estas mucho más jóvenes, peor vestidas, de hecho, muy mal vestidas. Son personal de la ONG o de la Fundación que regenta esta residencia.

La mujer se dirige a la recepción.

-¿Hay alguien más?
-Sí, hay un señor ahí.
Mira hacia el banco en el que estoy sentido. Sentado.
-Ah, sí. ¿Me acompañas, Carmina? Dirigiéndose a una persona que no veo desde mi posición.
Se encaminan hacia el ascensor, que -como veré 20 minutos más tarde, cuando ella regrese a por mi- posee las características de uno de última generación, con el panel de control similar al de la nave Enterprise.

-Perdona, ¿cómo te llamabas? ¿Has traido tu curriculum? Vamos a la planta 1. Este es mi compañero, Marcos. Pasa es por aquí. Bueno, Marcos te hará las preguntas.

Los nervios se van hablando, hablando y hablando. En estas situaciones, claro. Aunque los nervios tendrían que ser los míos. Pero no asoman. Pienso en otra oferta, casi tan interesante como la que imagino - describo ahora, en la que solicitaban voluntarios para trabajar con enfermos terminales. Lujos concebidos para preparar a quienes en el futuro inmediato se postulen como "samuristas" de atención psicológica en crisis.

-Se trabaja de 11 a 14 horas y de 17 a 21. Se cierra a las 20:30. Marcos explica con soltura lo que hay que hacer y el horario. Ha debido hacerlo en más ocasiones estos últimos días.

-Para limpiar, añado, como una evidencia de conocimiento de las tareas de este curro.
-Y para sacar la basura, añade ella.

Pienso en el comentario que ha hecho. Innecesario desde el punto de vista de la teoría de la comunicación. Porque me ha corregido para frenarme y reconvenirme, no para incorporar nueva información en el discurso. ¿Qué dije yo? "limpiar"; lo que incluye "sacar la basura". Los pequeños detalles en estas entrevistas nos dan pistas de cómo estamos siendo juzgados.

-Se abre a las 11 para dar los desayunos del personal que trabaja en la residencia. Café y tostadas, pero sólo de aceite o mantequilla. Y luego, pues las bebidas frías. También se atiende a las visitas.
-¿Y a los residentes?
-No, ellos tienen sus instalaciones para comer y demás.
-Y los domingos por la tarde, el bingo. Ella matiza.
-Sí, hay bingo. Tienes que cantar los números. Y cuando obtienen línea o cartón...
-Bingo.
-...Bingo, pues les entregas un regalo.
-Que ya te daremos nosotros.
-Son unos chocolates, para el que canta línea y los mismos chocolates para el que canta bingo.

Bueno, supongo que no les hará mucho daño a los diabéticos si los chocolates que les tocan al cantar línea se los quito cuando otra persona residente cante bingo, a quien se los quitaré en la siguiente partida, cuando uno de ellos cante línea. Al final de la tarde, volveré a guardar los chocolates, cuidando que la fecha de caducidad siga vigente.

Me entretengo con estas elucubraciones, porque lo que me cuentan es francamente hilarante.

-Supongo que me diréis lo que pueden o no tomar. Porque serán peculiares.
-Sí cada uno tiene sus peculiaridades. Ella aprovecha mi verbo; no atino a captar si es porque le ha gustado (buena señal) o porque no quiere que lo emplee para referirme a las rarezas de cada abuela y cada abuelo. Tanto si le caigo bien como si no, en estos momentos, es irrelevante.
Porque ella a mi sí empieza a caerme mal. ¿Será por lo mal vestida que aparece, con un vaquero viejo y una camiseta verde, comprada en el rastrillo? Será. Seguro.

-Verás, hay una, por ejemplo, que quiere su café a las 18:30. Y tuvimos un camarero antes y el primer domingo se le acercó a las 19:00 y le espetó:
-¿Cuándo tiene intención de servirme el café?
-Y claro, este camarero, pobrecillo, no sabía nada, porque cómo lo iba a saber.

El amaneramiento del joven que me entrevista va in crescendo. Seguro que el día del Orgullo saldrá a la calle. Pienso que este factor puede correr a mi favor.

-Bueno, si te llamamos, ¿tú podrías venir mañana? Para que te enseñemos la cafetería y eso.
-Y para los papeles del contrato.
-Sí, también.
-Claro, aunque ¿a qué hora? Porque tengo que hacer un par de cosas por la mañana.
-Como a las 12.
-Sí, entonces sí. Y del uniforme, ¿hablamos?
-Bueno, yo prefiero un mandil -dice él- y que cada uno vista como quiera. Pero hay gente que prefiere su ropa de trabajo. Si fuera eso, te lo compraríamos.
-Si te llamamos, será esta tarde. No apagues el móvil.
-Aunque si va en el metro...
-Cogeré el autobús.
-¡Ah! Entonces, nada.
-Bueno, pues ya está. Y ¿qué nos falta? Ah sí. el dinero -Marcos parece que va a explotar de la vergüenza del momento-. Veras en Marzo, como son unos 12 días pues el dinero es más. Unos seiscientos...
-Seiscientos cuarenta, me parece -añade Penélope, con seguridad. Debe ser la responsable de pagar las nóminas. Bueno, de confeccionar los recibos. Pagar, pagar, lo harán las monjas, con el dinero que les clavan a los abuelos, las subvenciones y los ahorros en salarios. Los hermanos de la santa hermandad, del santo refugio, honor concedido por felipe segundo y que han estirado hasta nuestros días. Algunos creyentes montan un puesto callejero y se les convierte en un edificio de más de 15 millones de euros. Es lo menos que se espera de un milagro. ¿Usará Penélope un móvil de los antiguos, los Nokia que duran y duran, o tendrá oculto un I-Phone entre las ropas? Difícil. Apuesto que es Marcos el del handy de apple. Ella, ella, ella, un sonyericson de por puntos, cambio de operadora, con cámara que facilite demostrar que el abuelo, llevar, llevar, era un garrafón de vino y no un termo con tisana.
-Pero como son tan poquitos días, en general, pues el salario es de 402€ al mes.
No preguntan qué me parece. Ya lo saben. Son 50 pavos diarios, en día no laborable y en turno partido. 5,55€ /bruto la hora, más el coste de seguridad social. Unos 7 la hora.
-Y te hacemos un contrato de 6 meses y luego otro y luego indefinido -añade Penélope.
-Bueno, yo no quiero mentiros. Esta actividad no es para toda la vida. Sólo para redondear mis ingresos.
-Claro, ¿para qué ibas a mentirnos?-interviene Marcos, cambiando el curso de la conversación.

Me acompañan hasta el ascensor. Se quedan con el curriculum en la mano, con la vida laboral y con un gesto de alivio, me despiden.

Bajo con el ascensor, abro la puerta y salgo a la calle, a respirar. Saco el móvil de la bolsa-bandolera, lo desbloqueo y lo apago. Como cuando entro en el cine. Para no molestar. Bueno, en mi caso, para que no me molesten.

A la mañana siguiente, al encenderlo, no hay señal alguna de llamadas perdidas. Mejor. una entrevista en la que nos hemos comprendido, perfectamente. ¡Qué alivio!

No hay mujeres en la Hermandad. Y las condiciones para ser admitido, además de la de ser hombre, son la de ser católico practicante y ser presentado por dos hermanos. Y pasar un periodo de prueba, sirviendo. (Texto encontrado por ahí, referido a la santa hermandad propietaria del asilo).
...
En la cola musical, entre los muchos jóvenes, no faltarán algunos de los 51 afortunados de la residencia de la tercera edad que la Hermandad ha abierto este año en la vecina calle del Pez, para la que ya hay lista de espera. ¡Esta Hermandad! Durante la Guerra Civil los indigentes defendieron la casa, ¡y a no pocos hermanos!, tras plantar una bandera roja junto a la aguja que corona la cúpula. (Texto publicado por el diario el mundo, loando al mismo colectivo)

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1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

¡ PESE A KE LA SOCIEDAD PRETENDÉIS HUNDIRME EN EL CRUEL ANONIMATO,
A DURAS PENAS PERO SOBREVIVO, JUAS !

www.paskijones.net

¡¡¡ AMOR Y ANARKÍA !!!

12:06 a. m.  

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