18 de septiembre de 2005

Pablo: La cena de los[X]. Bueno, la cena.


-¿Es que ya no quedan chuletas de cordero? ¡Jolín con los candidatos vegetarianos!
Quien así se expresa soy yo. Lo siento, pero la presencia de la abuela, de mi abuela, me confiere una fortaleza que en otras ocasiones haraganea por la zona de los condados del sur, por la cloaca gallinácea.

-¡Pásame el plato de butifarra, por favor! Pide Drogba, me lo pide a mí, el reciario -él, digo, escribo-, con la red colgando aún de su hombro rotuliano, grande y aparente como la charretera, la capona de un militar harapiento.

Su mirada escalda mis cataplines. Menos mal que vino la abuela. Aunque me inquieta, por otro lado, su presencia.

-¡Claro! Ahí va, hago volar el plato de plástico, petróleo en blanco, consiguiendo, para mis adentros, que rodaja alguna americe sobre el mantel lleno de tollos, pequeños lagos aragoneses que se han formado como resultado del rebosar de los vasos de cerveza.

Panocho sonríe al gladiador serbio. Algo va mal. Bueno, muy bien, según lo mire. La abuela sonríe a don Serafín. Y hablan… de mí, más que de ellos.

-Así que el apellido no es veraz, ese es un asunto que me inquieta, la verdad, porque…

No alcanzo a escuchar más del interlocutor de mi abuela porque una voz se eleva sobre el resto:

-¡El plato de las blancas, chaval, las blancas!

Parece que hay más de esas en la mesa, butifarras, así que la mirada busca sobre el mantel, entre las lagunas de cerveza y el companaje hasta dar con ellas, pequeñas y con aspecto de salchichas frescas, de esas que se cocinan al vino blanco:
aceite, poco fuego, algo de hierbas, aunque el fuego fuerte no les va mal, revientan eso sí, salvo que las pinches primero, como hace el serbio conmigo, pincharme…

-¡Bah! Digo, ¡Van!, repitiendo el gesto anterior, pero con infortunio. Las viandas enfundadas en tripa y cuerda, con déficit de pimentón, aparcan en el escote de la bovary.

El candidato africano –¡ahora me doy cuenta! La persona africana que cena junto a ella es barbilampiña, apenas un bozo sobre el labio, una efemérides procesionaria, sombras de liturgia celebrada con un corcho puesto al fuego limpio, digo, al juego limpio.

El africano, raudo cual bekele sobre la ría de los diez mil, muestra una segunda mano, que frena el ímpetu de las salchichas blancas sobre la señorita. Me pregunto cuanto tiempo lleva comiendo con una mano sobre el mantel.

Mi ojo, más rápido que el sentido de la visión, me recuerda que la información no procesada deja de ser válida, no existe. ¡Se están metiendo mano! Me digo, como la madre del jugador de póquer que sabiendo de sus trampas percibe las que realizan el resto de jugadores, emulando a su hijo.

-¡Guay, fetén! La voz de Drogba suena a exabrupto, a polainas de entreguerras, sin lavar.

Dejo eso y me dedico a escuchar a mi abuela. Me da que la va a cagar, a dejarme en evidencia.

¡Qué coño hago aquí, en este cincinati city, este reloj de cuerda detenido, la abuela buscando rollo con el vendimiador de actitudes, la vida a las 8 de la tarde, en el campo castellano, vestido con dodotis y comiendo embutido?

Pero ni puedo ni quiero dejar de escuchar lo que murmura a voz en grito.

- Eresminipodrovna, era el apellido de su padre, un marinero de origen báltico, que conoció a su madre, mi hija, en el santuario de nuestra señora del Líbano durante la procesión de la virgen del carmen en la zona mediterránea del país.

-Pero, ¿Existe esa celebración allí?

Pregunta el muy ladino, judío traidor, sacando información sobre mí, que me pertenece, extorsionando a mi abuela. Trino. Trino. Y trino. Bebo vino, por no llamarle cochino.

-La casa de Galicia tenía por costumbre organizar las fiestas de agosto, entre los zambombazos de la guerra de allí, de aquellos años, fue terrible. Aún recuerdo a los corresponsales de la televisión española, en la época del blanco y negro casi, ¿Sabe usted, don….?

-Ya, pero… ¿Qué hacía su madre allí, o sea su hija?

- Mi hija, sabe usted, subió a ver un barco en Barcelona, mientras estaba atracado, pero se perdió entre las tuberías de la zona de motores y cuando quiso salir a la superficie, estaba a la altura de buscar un golfo italiano, por lo menos ¡Dios no lo quiso, al menos, no tan feo como el francesco battiato ese!. Eso es lo que yo me sé, lo que me cuentan. ¿Un poquito de vino? No, del blanco no, que me da acidez, mal cuerpo, luego no duermo, don… ¿Cómo dijo que se llamaba?

-Serafín. Pero llámame Seras. Continua. Por favor.

-Cuando la descubrieron –a mi hija- como polizón, la pusieron a pelar patatas y limpiar las sentinas y la cubierta, para pagar el viaje.

-Y conoció a ersmasmi…a su yerno, el padre, de Pablo ¿no?

-Le conoció después, cuando atracaron en el puerto de la antigua ciudad de Biblos. El capitán hizo un trato con la casa de galicia. Como ella no podía pagar el pasaje de vuelta, llegaron al acuerdo siguiente:
Que representaría el papel de imagen de la virgen. Y como había hecho algo de teatro en el grupo de teatro estable castellano, allá por los sesenta, pues se avino a ello. Su padre, no el de Pablo no, mi marido, vamos el padre de… ¡Me sirves un poco más de vino, Seras?

¡Serás cabrón! Pensaba para mis adentros. Vaya mierda de proceso de selección en el que me he embarcado. Bueno, embarcado, no, mi madre sí que se ha embarcado, al menos una vez, bueno, más de una, pero yo, ¡Jo! Que embarque tengo. Ni curro, ni virginidad perdida, ni ná de ná, sólo situaciones peripatéticas. Me voy, digo, pienso que me tengo que ir.

No puedo seguir así. Ataco la butifarra del plato y me salta sobre las gafas quedándose en el puente, sobre la nariz. En el momento que la atacaba con el cuchillo, a la butifarra, se entiende, me atacaban a la altura de la misma. No me concentraba en la maniobra, seguía pegando la oreja al discurso envinado de la abuela.

-Y conoció a ersmasmi…al padre, ¿no?

-¡Cálmate, Seras, que eres peor que mi nieto! Verás. Durante la procesión se cayó al agua, la virgen, bueno, su madre, mi hija, que creo que también era virgen entonces, y Eresmin la salvó de la furia del mar.

-Ya. Y ella se sintió en deuda con el ruso y entonces…

-No era ruso. Era báltico. De una de las repúblicas, Lezama creo, no Lituania, bueno, un país raro de por ahí al norte. Se enamoraron y le engendraron a él. Luego volvieron aquí, nació él, el nieto, y el cura, al bautizarle, puso reparos porque era un apellido soviético y él era muy español, creo que fue su expresión. Así que le inscribió como ya has podido comprobar por su dni. Pero vamos, lo que me puedo acordar, porque luego viene la policía política, la especial esa, la llamen como la llamen hoy día a los ¡hijodesumadrequeavientanlosuniformesmaladolorqueselusden!.
¡No quiero hablar! Yo, aunque estuve allí, la verdad que no lo recuerdo muy bien.

-Y, entonces, el apellido…

-Una traducción libre que hizo el párroco y que quedó registrada en su libro, el de bautismo, y en el registro civil. Un sotanilla de los de antes, bueno de los que han vuelto ahora. Un jilipuertas de boina capada. Un estragado de espíritu, un botarate, un…

-Su.. ¿nieto?

-¡El cura de los cojones! Hay Seras, me da que eres un poco soufflé, ¿No, calvito mío?

-Y… ¿Han, habéis pensado en cambiarle el apellido al niño, a Pablo?

-Bueno, ya nos hemos acostumbrado. Y él, supongo que también-Además en casa le llamamos Eresmío, y suena mejor. Así que salvo en las ocasiones que ha de visitar a un bancario o a un funcionario, algún gili de los que seleccionan con la mirada más que por el corazón y la necesidad, que le solicitan el carnet, pues mire usted Seras, que va to bien. Y lo de capullo no lo pensaba con respecto a ti. Que conste.

-Pues, hija mía, perdona por lo de hija, es afectuoso, no me malinterpretes… Yo te sugiero que se lo cambiéis por algo más, más,…

- ¿Comprensible?¿Vulgar?¿Burgués?¿Fácil?¿Corto?¿Qué?

-¡No! Algo menos risible, diría yo, eso, risible. A ver que tal Eremías o incluso Zacarías o... Alegoría, sí, ese es un buen apellido, muy católico además. Pablo Alegoría.

-¡Atención! Por necesidades de la compañía vamos a continuar las pruebas mañana. Si alguien desea dormir aquí, lo podrá hacer por el módico precio de 320 euros. Si no, afuera está el carretero esperando para trasladaros a dónde queráis.

Madame, voz de trueno, ha hablado.

-¿Qué hacemos, abuela?

-Nosotros, nos quedamos. Y de pagar, ¡ni un duro! Ya hablo con Seras y lo arreglo, hijo, ya verás.

Las palabras de mi abuela me consuelan. Las caricias de María, aquí a mi lado, me consuelan. El beso entre drogba y el panocho, también me consuela. Pero la cinta del tanga y el pañal me están destrozando. Necesito dormir.

-¡Luego nos vemos!

No siento el corazón. María me ha dicho eso, mientras su hermano, el mejicano, me guiñaba el ojo. Ahora siento el corazón. Me va a estallar.

Personal
Humor
Thalasos

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3 Comments:

Blogger chousas said...

Pues vaya con los curitas... Sí señor, a mi madre no le pusieron el nombre que querían mis abuelos, y tuvieron que añadirle María del Carmen que sino no colaba.
Eso no vale ¿eh? Endiñar a la madam a otro... :P

7:06 p. m.  
Anonymous María said...

Vaya follón de cena! Si Pablo se queda ¿podrá quitarse el tanga y descansar? Creo que lo necesita. Y ya sabes, abuelas hay pocas y son únicas.

12:12 p. m.  
Blogger indah said...

Ay, si yo os contara lo que pueden hacer en el registro civil del nombre con el que te bautizaron... Pero no te pienso contarlo claro está :)) ya lo he sufrido bastante, sí. Sin ir más lejos, en la mier** de elecciones europeas ésas, miré al que tenía mi carné en la mano, cuando le vi la cara de sorpresa, y bajito, bajito, bajito -a pesar de ello sonaba como un lanzamiento de cuchillos con él (el que tenía el carné) "grapado" a un tablón-, le dije: ni se te ocurra decirlo en voz alta... No, no lo dijo...
Puff, ganas me dan de borrarlo.. :)) pero no lo hareeeeeeeeeeee... me da igual que publiques mis coment en otro blog, aunque no tengo ni idea de porqué. ¿Por qué?
Jobar con la mier** de las letrillas, me he equivocado dos veces agradeciendo unos comentarios... puag, a ver si hay suerte bxivd

9:22 p. m.  

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