30 de noviembre de 2005

Pablo: Maria's Meet


El flotador es de tamaño familiar.

Parecido a la cámara de la rueda de un camión de tamaño medio, pero en lugar del color negro habitual, está moteado en verde pistacho y fucsia.

Después de inflarlo con gran esfuerzo, realizo ejercicios de respiración.

Me dejo caer en la cama de mi cuarto y me levanto impulsado por un resorte…

-¡Pablo, tienes visita!

No es la voz de mamá la que ejerce de resorte, sino los puntos de mi trasero. Escuecen como la vergüenza. Se oyen pasos por la escalera, subiendo de dos en dos los escalones y aparece ella, María, frente a la puerta de mi dormitorio.

-¡Hola! ¡Cuánto te quiero! Mis palabras me traicionan. Quería decir, tenía en mi pensamiento algo más digno, más defensivo a la par que altanero, del estilo: ¿A qué has venido? ¿Dónde se ha quedado tu nueva pareja? ¿Quién te ha invitado?

-¡Hola, Pablo! ¿Estás mejor? Mientras se acerca y posa la mano izquierda sobre mi mejilla, momento que aprovecho para besar esa mano, lamerla como un golden retriever mal entrenado.

-¡Toma, esto me lo acaba de dar tu hermana! Leelo, que luego te hago la cura que me ha pedido Cecilia como favor. Es que ellos son de otra Comunidad y venir a curarte a domicilio supondría facturarle a la Administración de esta Comunidad 975 euros.

-¡Qué alto cotiza un trasero joven, aunque ande estropeado!

-Tú tienes un culo muy bonito. ¿Vas a leer la carta? ¿Te curo antes?

-Voy a leerla

Rasgo el sobre y dentro descubro tres copias de un documento en papel reciclado, de color crema. Las cláusulas están escritas a mano. Hay tachones en algunas de ellas y símbolos de imprenta en los márgenes, como deles e interjecciones.

“Por la presente, yo, Gervasio… me comprometo a contratar temporalmente y por una duración estimada de 3.200 horas anuales a Pablo…, mayor de edad, según consta en su documentación -aunque no lo aparente-, en calidad de factotum, mozo para todo en castellano.

Con un salario mensual de 375 € mensuales, repito, para evitar dudas de interpretación que a nada conducen, pagaderos en dos plazos, siempre que el cómputo mensual de horas sea de 300, redondeando a mi favor.

Las condiciones de este contrato se acogen al denominado yellow dog americano, porque entiendo que las relaciones laborales han de regirse, como las reglas de la hospitalidad, por las condiciones que establece el anfitrión y no el invitado. Y, en estas circunstancias, yo soy el anfitrión (y en mi casa se hace lo que yo digo y se come a mis horas y lo que yo digo que se coma).

La condiciones, una vez establecida la duración mensual de la jornada y el salario que le corresponde, serán las siguientes:

-El factotum trabajará de uniforme. El uniforme lo diseñará el anfitrión.

-El factotum prestará sus servicios en la forma y condiciones que el capricho del anfitrión determine.

-El factotum estará sometido a los controles que yo decida, porque está en la naturaleza de mi como empresario el desconfiar (aunque en mi naturaleza como cliente de lugares poco recomendables, no tanto).

-El factotum recibirá como beneficios sociales y en prueba de mi magnanimidad los siguientes parabienes:

- Una cesta de melocotes y alubias en Navidad, los años bisiestos.

-Un seguro médico privado o iguala, de la que podrá hacer uso en las instalaciones situadas en la casa del practicante del pueblo. El coste total de los tratamientos a que debiera ser sometido, correrá por cuenta del beneficiario. El periodo de baja, si lo hubiere, le será descontado de su salario.

-Una ayuda económica en concepto de donación altruista a terceros, por un monto de 0,75 euros diarios, para sufragar sus gastos de desplazamiento y manutención. Esta cantidad le será descontada de la nómina. (La caridad empieza por uno mismo).

Me detuve un momento, porque esta cláusula, seguramente redactada por su abogado, me era ininteligible.

-¿Qué quiere decir esto, María?

-Anda, déjalo. ¿No querías un trabajo? Pues ya lo tienes. Túmbate, que voy a curarte.

Me tumbé boca abajo en la cama. María me ayudó a desnudarme. Noté el frío del alcohol y el escozor insufrible. A veces desearía ser mujer, para tener mayor aguante en estas situaciones.

Cuando terminó, se subió a la cama, a horcajadas sobre mis riñones y me besó en la nuca y en la oreja. Sentí un estremecimiento que apagó el dolor que sentía y me provocó una excitación a borbotones. Me giré, pugné con ella y súbitamnete me encontré boca arriba, sobre ella, sus piernas, con la cabeza posada entre sus pechos, con su pelo sobre mi cara, con su aroma imbricado con el olor al alcohol.

-¡La comida ya está servida! Gritó mi hermana… desde el quicio de la puerta.

Me levanté, desnudo, excitado, azorado, con la taquicardia puesta y la respiración agitada.

-¿No irás a bajar así? A la abuela le da algo como te vea “barruntando” con esa trompa.

Me puse las manos delante del instrumento al que hacía mención. Un amante cazado en la cama del esposo, Esa era la pose. Mi pose. Salió del cuarto. María aprovechó para levantarse de la cama, modelar su pelo con las manos y alisar su minifalda.

Me abrazó, me besó con la pasión que yo sólo había tenido oportunidad de experimentar vagamente en las películas, me frotó y sobó con la fruición del que posee un tesoro; se separó de mi cuando estaba alcanzando el nirvana y dijo:

-¿Me invitas a comer?

-¿Dónde?

-¡Qué! Pues en tu casa, tonto. Vístete, anda.

Me vestí, aunque el pantalón no me lo pude abrochar. Había engordado en el hospital, o algo meocurría... Dejé los faldones de la camisa por fuera para ocultar mi excitación, la prueba de mi felicidad instintiva.

Decidí terminar de leer el contrato antes de bajar al comedor.

-El factotum recibirá parte de sus emolumentos en vales de comida, que podrá canjear por diversos productos en los colmados y tiendas de conveniencia que yo determine.

-Este contrato podrá ser modificado sin previo aviso, en virtud del espíritu de Perro Amarillo.

-Y en prueba de conformidad.

Firmé donde me correspondía. Iba a arrugar el sobre en que lo había recibido, cuando noté que había algo dentro. Un talón de tickets de comida y una nota adhesiva en la portada:

-En prueba de mi buena voluntad te he enviado este talonario con 25 cheques de 4, 56 euros cada uno. No voy a descontártelos. Son un regalo. Cómprate algo, invita a comer a tu familia, lo que quieras.
Firmado: Gervasio.

Conté los cheques, por curiosidad. A medida que los iba pasando iba sumando las cantidades, en un ejercicio de habilidad mental que tantas veces he visto ejercer en camareros y tenderos de comercio tradicional.

Nunca entre los empleados de una franquicia, la verdad. Estos, habitualmente, emplean máquinas calculadoras y registradoras de última generación. Nada de ábacos.

-9, 02, 13, 68, 17, no, 18,24.... 91,20 €. Faltan 6 tickets.

Huevo de Pascua



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2 Comments:

Blogger Thalasos said...

Alguna vez me llama.
Y hablo con él. Con Pablo.
Durante un minuto.
Por no pagar las fracciones completas. Ni segundos, ni medio minuto, ni establecimiento de llamada.
Nos están grabando.
Pequeños huevos de pascua.
Easter eggs.
Huevos del este.
De momento, así, asi.
Mejorarán con el tiempo.
Seguro.

10:15 p. m.  
Blogger chousas said...

¡Ostras! Pero de dónde has sacado mi contrato... XD

Vaya con la hermanita de Pablo... qué manera de cortar el rollo :S

1:19 a. m.  

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