5 de noviembre de 2005

Pablo: Aceite. ¿Búlgaro? Aceite.

Las puertas abatibles dan acceso a la cantina. Hay más ruido que afuera. Varias personas corren detrás de algo, debe ser un animal.

-¡Ya lo tengo! ¡Aghh! Me ha mordido. ¡Será mamón!

-¿Qué están buscando? Le pregunta Gervasio a un celador.

-Un armadillo. Se ha comido al gato de la hija del propietario de la cantina y los camareros se han puesto hechos una furia.

-¿Cómo ha llegado hasta aquí?

-Uno de los camareros, sudamericano, lo trajo desde su país.
-¿Y son carnívoros?
-A veces.
-Así que se ha comido un gato.

-Sí. Por lo que he podido oír el dueño veía en su país la serie Alf, la del extraterrestre, con el armadillo en los brazos.

-Demasiada televisión no puede ser buena, añadió Gervasio.

-No, en este caso ha sido responsable de la locura transitoria del animal.

-¿Y qué van a hacer con él?

-Mañana estará de primer plato en el menú. Con el caparazón construirán un instrumento musical. Y se lo regalarán a la niña. En compensación por la irreparable pérdida.

-¿Qué pérdida? Pregunta Gervasio, intrigado.

-La mascota, el gato que se ha comido.

-Ya, ya. Bueno, vamos a sentarnos por ahí, lejos de la animación.

Nos acercamos a una mesa cerca de la puerta y alejada de la barra. Inmediatamente se nos acerca un camarero llorando.

-¿Qué van a consumir los señores? Nos preguntó, sorbiendo al mismo tiempo los mocos que se le acumulaban y mezclaban con las lágrimas en algún lugar de su cabeza.

-Dos Cola Cao. ¿Te gusta el Colacao, Pablo?

-Me encanta. Bien caliente, por favor.

-El mío frío y con pajita. Dice Gervasio.

-En seguida, señores.

Se alejó mirando hacia el grupo de camareros que sujetaban a un animal enorme, de casi 50 kilos de peso.

-¿No te vas a sentar, Pablo?

-Mi culo.

-Ya, eso, que si no vas a sentar tu culo.

-Es que tengo puntos de sutura y no puedo. Si hubiera un flotador.

-Espera un momento. ¡Celador, celador!

-Se acerca el hombre que nos puso al tanto de los acontecimientos.

-Ya lo han cogido. Ahora quieren que sea la niña quien desolle al animal.

-¿Cómo podemos conseguir un flotador para mi amigo? Es que tiene puntos en el trasero y le cuesta sentarse.

-Pues aquí no tenemos, fíjese. Pero tengo uno de mi hija en el coche. Ahora mismo se lo acerco.

Al momento apareció con un enorme flotador elefante. Lo puso encima de la silla, pero como no cabía, acercó otra mesa y lo colocó encima. Me ayudaron a encaramarme al flotador. Tuve que agarrarme con fuerza a la cabeza y a la trompa del elefante para no caerme. Gervasio empezó a hablar.

-Bueno, pues continúo con la historia. La chicas se marcharon a Francia. Pero hubo cambio de planes. Como la pista era pequeña para que aterrizara un Airbus 300, tuvimos que trasladarlas en avionetas Cesna. Mucho más caro el pasaje, más pilotos. Además que el viaje no se podía realizar del tirón.

-Así que inauguramos dos franquicias del aeropuerto, una en Zaragoza y la otra en San Juan de Luz. Perdí mucho dinero. Las primeras chicas que retornaron estaban irreconocibles. El novio de una de ellas empezó a contar cosas en la taberna del pueblo, que llegaron a oídos de algunas madres, que pusieron el grito en el cielo. En el plazo de un mes todas habían retornado.

-¿Se acabó el negocio?

-Desafortunadamente sí. Tuve que devolver la licencia a aviación civil. El aeropuerto quedó inservible, el tiempo cubrió de maleza las instalaciones que ya te comenté y además llegaron los rumanos.

-¿Los rumanos?

-Sí, varias familias de gitanos y cíngaros que se ubicaron en la embajada de Bulgaria.

-¿Qué?

-En las instalaciones. Las llamamos así debido a la costumbre de algunas de las mujeres de estas familias. Cuando les requerí para que desalojaran mi propiedad algunas tuvieron la osadía de darme la espalda, subirse las faldas y mostrarme el trasero. A uno de los guardias que me acompañaba le dió por recordar el chiste de señora de mediana edad enseña el búlgaro.
Desde entonces le cambiamos el nombre al lugar. Y así continúa. Un neotopónimo.

-¿Siguen allí?

-No, que va. Les tocó la bonoloto y se compraron un pueblo abandonado en Soria. Creo que viven allí todavía.

-Y el trabajo que me ofrece, ¿tiene que ver con… la embajada?

-¡Lo has adivinado! Necesito que la vigiles por la noche. Bueno, la embajada no, los olivos de alrededor.

-¿Los olivos?

-Tengo 50 olivos centenarios. Los traje de Grecia. Tienen un valor incalculable. Esconden un secreto. Algunas personas desean hacerse con ellos, porque…

Al aparecer el camarero con las bebidas, permaneció en silencio.

El camarero sonreía. El mismo que antes lloraba. Junto a él, el armadillo, como si de un perro lazarillo se tratara.

-He conseguido salvarlo de la cacerola. Les he dicho que transmite una enfermedad.

-¿Y es verdad? ¿La transmite?

-No, pero se lo han creído. A cambio de la vida de Juan les he de comprar un gato persa y 10 kilos de chuletas de lechal. Para el menú de mañana.

Gervasio abonó las consumiciones. El camarero y Juan se alejaron de allí. Siguió hablando.

-Adquirí los olivos de Delfos, en la montaña de El Parnaso. Iban a destruirlos para construir una zona residencial. Los obtuve a muy buen precio.

-¿Cómo los transportó hasta aquí?

-En patera. Conseguí un contacto en Marruecos que por un módico precio se encargó de todo. Vinieron por mar. En patera. Y luego los replantamos aquí.

-¿Y ese secreto tan bien guardado?

-El aceite que se extrae de sus olivas es especial. En USA puede alcanzar un precio de hasta 6.000 por galón.

-¿Tanto?

-Una leyenda cuenta que Minerva solía orinar en ellos. Por eso son especiales.

-Suena a patraña. Además, ¿Que efecto tendría una meada en esos árboles?

-Es que Minerva, en aquel entonces estaba embarazada. Imagínate, una diosa embarazada. Con toda la concentración de hormonas. Lo curioso es que he hecho analizar las olivas en un laboratorio y están cargadas de… ¿No lo adivinas?

-¿Estrógenos?

-¡Ca! Eso hubiera sido lo esperable. Pero no. De esteroides. Más concentración de ellos que en una inyección intramuscular de las que les administran a los deportistas. Este aceite, bien tratado, se convertirá en el mejor producto dopante del mundo. Y natural. Indetectable.

Mi interlocutor había bajado la voz hasta convertir su charla en apenas un murmullo. Me había acercado tanto a él que perdí el equilibrio y me caí de la mesa, sujetando el flotador por las orejas de elefante. Se escucho un ¡Boom! Al reventar el flotador al llegar al suelo.

Afortunadamente yo no me hice nada por esta vez. Desde el suelo vi pasar a mi lado unas hermosas piernas. María. A su lado mi cuñado. Me relajé un poco al comprobar que sí llevaba ropa interior. Mi cuñado llevaba un trapo en la mano. Una servilleta a cuadros que yo, desde la distancia, había confundido con ropa interior. La que llevaba puesta María era del mismo color naranja que los cuadros de la servillta ¡Qué intuición la mía!

-Tengo que hablar contigo Pablo.

Su voz, tan sensual, tan francesa, me desarma.

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7 Comments:

Blogger Thalasos said...

Bueno, embarazada no estuvo.
Tuvo contacto con el esperma de Hefesto, Vulcano, lo limpió de su muslo y lo arrojó al suelo, la tierra, Gaia y después de ese contacto nació un niño. Que no era suyo, sino de Gaia, quien lo repudió y entonces Minerva lo adoptó. Erichtonios le llamaron. Pero sí que nos regaló el olivo. Así que. Que libertades me tomo. Ni que fuera un escritor frustrado. JE, je. Me parto con lo del armadillo.

12:20 a. m.  
Blogger chousas said...

O.o'
Nunca se puede predecir qué rumbo va a tomar tu historia...
La paranoia del armadillooo XD

7:00 p. m.  
Blogger Thalasos said...

La responsabilidad última es del gato. Eso lo testificaría un juez. Aunque los jueces no testifican. Todavía.
Un abrazo, Chousas.
By the way: ¿Cuándo organizais los de Barna una quedada?
Así nos animamos los de Madrid a veros la cara. Y la mascota. Porque tú tienes armadillo también. De mascota.
¡Broma!
En realidad tienes unos escarabajos que se comerían al armadillo.
Gracias por comentar.

8:15 p. m.  
Anonymous Prometeo said...

El ataque del armadillo carnívoro, espectacular. Eso si da miedo y no los gremlins.
Lo de hacer el intrumento es absolutamente delirante. Tremendo!
Magníficas historias, gracias por compartirlas.

1:46 a. m.  
Blogger Thalasos said...

Gracias a ti por aguantar la historieta.
A ver cómo salgo de la casa de socorro.
Confío que las condiciones que me ofrezca Gervasio como vigilante de la embajada sean buenas.
Un saludo, Prometeo.
Ya te visito.

12:50 p. m.  
Blogger indah said...

Me pregunto si Pablo ha pensado que Gervasio le puede estar engañando, y el valor de los olivos no es, ni mucho menos, el que asegura. Al fin y al cabo, Erichtonios -nombre que alude a la lana y al suelo, quizá porque con un trozo de trapillo, que luego arrojo a la tierra, Atenea limpió su muslo- fue metido en un cesto y confíado a las hijas de Cecrops (primer rey de Atenas). Existen dos o tres versiones, por lo que he podido saber:

a) al abrir el cesto, las hijas hallaron al niño custodiado por dos serpientes.

b) el niño tenía el cuerpo terminado en cola de serpiente, como la mayoría de los seres nacidos de la tierra.

c) una vez abrieron el cesto, escapó en forma de serpiente y se refugió en el escudo de la diosa.

(Caché Google)

Y como, fuera cual fuese la versión, a resultas del susto, las pobres chicas se arrojaron al vacío desde las rocas de la Acrópolis, cuando Erichtonios creció, heredó el poder de Cecrops.

Hmmm..., aquí hay gato encerrado...
(desde luego, en el armadillo :)))


"-Tengo que hablar contigo Pablo.
Su voz, tan sensual, tan francesa, me desarma."

Creo que se venden unos tapones para los oídos muy suavitos y cómodos.

No es conveniente que esa chica consiga que te quedes des_armadillo, Pablo: esos bichos son portadores de Mycobacterium leprae, bacteria causante de la lepra, y otra que no recuerdo cuál es.

1:10 p. m.  
Blogger Thalasos said...

Definitivamente la historia de Pablo se va a convertir con el tiempo en una novela coral.
Me pica todo el cuerpo ahora mismo, Indah y se me acaba de caer un dedo. Menos mal que es el meñique y no lo uso para teclear casi nunca.
¡Parta de aquí!
No, tú no. Tu me ilustras continuamente.
Me refiero al armadillo.
Desarmadillo Pablo.
¡Genial!
Y el tal Gervasio parece un nuevo rico, de esos que se pasean en Mercedes por sus plantaciones.
Un beso, poetisa. Y gracias.
También te las da Pablo. El beso no. Aún está verde y no se atreve. Como "ta enamorao ta la médula".

6:24 p. m.  

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