15 de octubre de 2005

Pablo: La pastilla de jabón apesta.



Me despierto con un ataque de ansiedad. No puedo respirar. Me ahogo.

Busco con denuedo una bolsa de papel, un florero vacío, algo que me sea útil para evitar la hiperventilación y no llegar a la anoxia que me estoy provocando, que me está provocando este proceso de decepción en que se está convirtiendo el de selección.

Ya ha amanecido y el sol, radiante entra por el ventanuco de esta buhardilla.

Al pie de la cama hay un calcetín.

Me lo aplico a manera de mascarilla y ejercito la respiración dentro, rebajando los niveles de oxígeno en sangre. Incrementando su aprovechamiento. O eso creo. Me calmo y me mareo, me calmo y me mareo.

Qué olor a queso, es asqueroso. Pero hay pocas opciones. Aguanto el olor a pies.
No se quien es el dueño del calcetín. Drogba o el peruano. Lo mismo da. Van a perder los pies en cualquier momento.

Van a terminar caminando con los muñones por los vericuetos de esta finca.

Tiro el calcetín, lejos de mi alcance y me voy al cuarto de baño. Giro la llave de la ducha. De la alcachofa mana un hilillo de agua turbia, que al poco se aclara. Está helada. El mareo se acrecienta. El agua se entibia.

El vaho que desprende mi cuerpo empaña el deslustrado espejo. Poco azogue y muchos años. Refleja una figura que apenas reconozco sin gafas. Y no es la mía.

-¿Pablo?

Todo el mundo en esta casa de pesadilla me busca cuando estoy en pelotas. ¿Les inspirará mi desnudo?

-Sí. Ahora termino. Con la boca llena de agua y las gotas delicuescentes sobre los párpados, apenas tengo conciencia de mi desnudez.

-Quería decirte que he hablado con mi hermano, bueno ya sabes, con Quautemoc. Quiero darte las gracias por lo que vas a hacer por él en la embajada.

Abro los ojos, me los froto y miro hacia el origen de la voz. Hoy está incluso más hermosa, si es que ello es posible.

-Pero si yo no… me resbalo, topetazo de adviento, mi culo convertido en un tapete sobre el enlosado, encontrando, ¡Oh, Fortuna! un trozo de jabón Lagarto en el suelo.

Se acerca con premura, agachándose, sus ojos a la altura de los míos. No hay mejor final feliz en este momento.

-Él no es mi hermano, pero nos queremos como si lo fuéramos. Desde que vine a este país ha estado conmigo. Incluso antes. Ya cuando me casé tenía relación con el peruano. Recuerdo su desesperanza en aquella estación de autobuses en Alemania.

-Yo había ido a recoger a mi novio y él se encontraba junto a una máquina de golosinas o de café, no lo recuerdo bien. Sus monedas, sus soles, no servían para esa máquina, así que intercambiamos unas palabras. Le cambié esos soles por marcos y le enseñé la instrucción, el misterio de las máquinas automáticas. Santo dios vending que pululas por las estaciones, venga a nosotros tu credo...

-¿Estás… casada? Su pelo chorrea sobre mis piernas, gotas depuradas por el filtro de su melena. Quiero padecer una enfermedad, que me salga un pólipo en la nariz, que pague el tratamiento el propietario del calcetín, que me atienda ella, que me invada su bocadillo de palabras, como en un comic.

-¡No! Lo estuve. Cuando viví en Alemania, como outslander, trabajaba en un Spar, un supermercado. Allí conoce a Klauss. Un auténtico cabronazo. Pero estaba enamorada.

-Descubrí que era un nazi, que se había criado en el Este, en Leipzig y que había estudiado medicina. Cirugía plástica o algo así. Hubo una movida extraña entre el partido en el que estuvo militando y la politzei, así que tuvimos que huir. Se le ocurrió emigrar a Sudáfrica.

-Acabó trabajando en una franquicia del hospital ese tan famoso, el Monte Sinai. Se especializó en fimosis y cosas del aparato ese –señalando a mi ese. Imagínate, un nazi con una colección de clase mundial de prepucios judíos y musulmanes. Muy pedagógico.

-Decidí regresar a este país.

-¿Y él, Klauss?

- Se enamoró de la mujer de un judío. Le operó y durante el postoperatorio ella hablaba mucho sobre la bendición que le había dado dios al conocer a su marido. Según decía Klauss, el prepucio de ese hombre daba para hacer dos fundas de silla o una de un sillón.

-¿Y porqué se embelesaron tanto con el deshecho humano?

- Parece que entonces existía una secta judía que veneraba a Goliat y para la que su marido había trabajado como captador de fondos. Le debió ir muy bien. Por lo que me contó Klauss, al enseñarles su cacharro a los incautos, caían postrados frente al cuerno de la abundancia.

-Debían pensar que todo aquello se podría transformar fácilmente en un hermoso plato de callos. Bueno, si hubiera trabajado en el centro de Madrid seguro que los pardillos lo hubieran pensado. O en Galicia. Yo, desde luego. En fin, que los dos, médico y familiar de paciente, contactaron con la secta, envejecieron el prepucio químicamente y esta lo adquirió como si fuera el que perteneció a Goliat. Compraron un deshecho a precio de reliquia. No sé qué pasó después.

-Ahora lo exhiben en exposiciones itinerantes por toda Cisjordania. Creo que vienen a Madrid y que lo mostrarán durante el Festival de Otoño.

-¿A tu ex marido?

-¡Qué gracioso!

Me ayudó a levantarme. Estábamos tan cerca y tan húmedos.

-¡Pablo! Una voz masculina. María se retiró de la zona de impacto, se acercó a la puerta, me lanzó un beso y desapareció.

-¡Hola!

-¡Hola, buenos días!

El intercambio de saludos llegó a mis oídos mientras cerraba el grifo, intentaba alcanzar una toalla de tamaño bidet que alguien había dejado doblada sobre el lavabo y me frotaba el trasero, dolorido tras la caída. Todo en uno.

Salí del cuartucho de aseo, sujetando la toalla con los dedos de la mano izquierda estirados al máximo de longitud, tanto como la ausencia de toalla exigía. El suelo de la habitación resbala…

Aterricé a los pies de panocho, después del costalazo. Apenas tuve tiempo de escuchar dos expresiones, que me sonaron a extrema unción:

-¿De quién coño es ese culo? Creo que lo dijo panocho.

-¡Acompáñenos al cuartelillo! Supongo que lo dijo un Guardia Civil. Sólo supongo.


Personal
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Thalasos

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2 Comments:

Blogger indah said...

Thalasos, no es por nada en especial, pura intuición, pero dile a Pablo (a ver cómo se lo dices no vaya a pensar que son celos o así :))), que esa chica no le conviene nada en absoluto.

Y el trabajo creo que tampoco, acabarán por convertirlo en un matón sin estilo, sin clase, en un Daniel Craig cualquiera :)

(Conste que el post lo he leído, no "Entre visillos", ya sabes, de Carmen Martín Gaite, sino "Entre deditos" que una es muy discreta respecto a la intimidad de los demás).

Y yo que tenía idea de que un albornoz de algodón portugués no era demasiado caro...

12:18 p. m.  
Blogger Thalasos said...

Intentando aclararme con la historia de Pablo, que escribo a tropezones y que evoluciona de manera libertaria, me encuentro con tu comentario. Como acabo de liar a María con el cuñado de Pablo igual te hago caso y le provoco un desamor a Pablito. Pero yo creo que se merece una aventura con una francesa tan guapa. Bueno, no es francesa pero a él se lo parece. Además, que Pablo aún es virgen. ¿Ni un achuchón con la niña? Pues tendré que localizar una sustituta de su enamoramiento. A ver si jugando con las letras, handi, nidah, hinda, adhin, ¡Jo! Todos suenan bonitos.
Ya está. Carmen. Suena bien. Cuántas dudas, señor.
Gracias por comentar.

1:03 a. m.  

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