23 de diciembre de 2005

Las 7 diferencias

El tren, lleno, como en prácticamente cualquier oportunidad que tengo para bajar a esta ciudad. Al dejar el equipaje y tomar asiento, un ombligo surge de entre la multitud de brazos que pugnan por reducir la maleta al espacio de la redecilla de encima de los asientos. Aunque es temprano, me sorprende la belleza de esa seña de identidad humana y mamífera. Pero me reprendo a mí mismo. La socialización consiste en eso también. Conseguir que abandonemos el impulso de besar cualquier ombligo que se nos presente.
Un viaje corto, muy corto. Antes el mismo viaje duraba una eternidad. Tanto que las bolsas de entretenimiento para los niños, con bocadillos y refrescos eran casi tan grandes como el equipaje mismo. Todas esas bolsas controladas por una mujer, suponían la gran esperanza frente al tedio.
-Dame el quiz, mamá.
-Yo no quiero tortilla. Quiero mortadela.
Hoy día el viaje se configura como una vuelta en la línea circular. Ni apeaderos ni paradas. El tren se detiene en la segunda provincia o en la tercera.
Es jueves y a las afueras del primer pueblo de la provincia de destino, un mercadillo con algunos cientos de puestos. La lentitud del convoy y la luminosidad mediterrránea producen un efecto ensueño.
Mientras la propietaria del ombligo ojea un muestrario de ropa, algunos catálogos y una revista, mientras escucha la película que transmiten para los viajeros y recibe y emite sms o emilios de la oficina. Trabajo, una, placer, otro, vida de jubilados los pasajeros de enfrente. Un hombre sonriente y una mujer devoradora de sopas de letras.
Al llegar a la estación recibo una llamada desde la oficina. Cambio de archivo mental. Otra llamada, un abrazo, cerveza y ensaladilla. Los precios de algunos artículos demuestran que ando en otro territorio, más frugal en las condiciones que la gran urbe. Menos apariencia y algo más de dignidad para casi todos.
Por la tarde, una caminata hasta el centro desde el barrio multicultural.
Una familia de gitanos auténticos, la mama, las niñas, la moza y los dos jóvenes. Aquí no les han expulsado aún. Viven tan integrados y molestos para los naturales como en otros lugares, aunque menos cada vez. Al pasar por la plaza de toros, anuncio de circo. Enfrente, mil restos del mercadillo de ayer. Una ciudad con mercadillo en el centro de la misma. Y la luz. El nivel del mar siempre es superior al interior. Las culturas antiguas lo sabían. Las de hoy también, pero lo reconocen menos.
Las tiendas han cambiado, pero siguen, al menos a este flanco de la urbe, siendo tiendas, no franquicias. Una pensión en el centro, en el callejón. Pensión Mina. Igual regentada por argentinos. En el zaguan varios magrebíes sentados. Parece andaluz, por los manises valencianos que lo adornan. De entre ellos, los moros, se escapa uno, acicalado, recién baldeado en una pileta, en la ducha comunitaria o en el fregadero.
¿Y las siete diferencias?
Amén de las ya descritas, 7 personas bronceadas y de belleza superior qeu caminan por la playa, por el paseo delante de ella. Dan ganas de arrojar el chaquetón de abrigo lejos y abrazar a una de ellas. ¿A quien? A la morena. ¿No la ves?
Se lo merece.
Aunque estoy tan socializado que me decido a entrar en un ciber y escribir algo. Una nota con rayos de sol de diciembre.
Seguro que hay más de 7 diferencias.
En estos días las he de descubrir.

8 Comments:

Blogger indah said...

Las hay, siempre las hay :)

Por cierto, y antes de desearte Feliz día de Navidad, no he podido evitar imaginarme lo que hubiera sucedido si llegas a ceder a la tentación de besar su ombliguito. En fin, seré buena y lo olvidaré :))

Limpio mi casita, lalaralarita... ¡ohhhhhhh una moneda!, dijo la ratita... ¿y que me compraré?

Feliz día de Navidad :)

12:02 p. m.  
Blogger chousas said...

Que disfrutes del Sol del Mediterráneo y aprovechálo, que en estas fechas alumbra pero no calienta :P

4:09 p. m.  
Anonymous Medea said...

He intentado adivinar el lugar pero no lo he conseguido del todo... debe haber más similitudes que diferencias entre muchos lugares.

Felices fiestas Thalas!

6:34 p. m.  
Blogger Berlinerfrau said...

Sigues tan vivo como siempre...
Pronto te dejaré mi ombligo para que lo beses y miraré contigo ese mar y me dejaré bañar por esa luz, siempre contigo.
Hasta mañana mi amor mediterráneo.
Frida

9:55 p. m.  
Blogger Thalasos said...

Indah, con el decahdo de imaginación que posees, sólo faltaba que mis chorradas te sirvieran de acicate. Tú, querida amiga, no necesitas más estímulos. Le voy a poner un par de rombos a las notillas casi explícitas.
Un beso.

6:58 p. m.  
Blogger Thalasos said...

Un beso a los catalanes queridos, al galego adoptado y a la -no se si Medea es de algún otro lugar, la verdad.
Y la ciudad, pues alacant. Tan fea como luminosa.

7:00 p. m.  
Anonymous la innombrable said...

Estoy pensando en prepararme la tortilla :) Este viernes hago yo ese recorrido a la inversa desde la mitad de tu camino.
No pasearé por la playa ni veré morenas a las que besar, pero pienso retozar en un manto blanco

8:15 p. m.  
Anonymous Medea said...

Catalana tambien Thalas...

10:52 p. m.  

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