18 de diciembre de 2005

Pesimistas bien informados.


En la televisión, un bebé de apenas unos meses, mordiendo una serpiente pitón de varios metros. La voz del narrador comenta que el niño no le tiene miedo porque no ha percibido miedo en su mamá. Como resultado, él tampoco lo siente.

En un artículo del semanal EPS, Rovira, el coautor del superventas la buena suerte, habla del optimismo y sus ventajas.

En algún momento le dice al lector que el optimismo se puede aprender. Define el optimismo como la capacidad del ser humano para hacerse responsable de lo que le pasa. Este tipo de persona estaría en condiciones de tomar algún curso de acción para cambiar los resultados o efectos de su propia conducta y como resultado de ello, abordaría las penurias o dificultades con un talante optimista. Como consecuencia, podría lograr otras compensaciones de la realidad, distintas de las que logra.

Cuenta de pasada algunos de los posibles efectos del optimismo: Vivir más, vivir mejor, tener más dinero, incluso.

En un estudio longitudinal, realizado por Mark Albion -un fulano educado en Harvard y millonario, un optimista- los alumnos fueron agrupados en dos categorías:

La de quienes preferían ganar dinero en el futuro para hacer lo que les gustase y la de quienes opinaban que primero debían hacer lo que deseaban o necesitaban hacer, y que el dinero vendría luego. Más o menos. Veinte años después, los segundos –apenas el 17% de la muestra, estaban más sanos y eran más alegres que los otros. Además sobre 101 personas que habían prosperado económicamente muchísimo, tan sólo una formaba parte del primer grupo.

Yo, a la luz de estas cuestiones, me pregunto: ¿En el gráfico los que tienen peor salud son pobres o sencillamente unos pesimistas?

En un reciente estudio publicado por el INE, de los 22.000 sin hogar o homeless, el 20% tiene una grave enfermedad; el 81% son hombres; y el 48% son extranjeros, pese a que en la población normal apenas superan el 8% del total.

El 12% de las mujeres sin hogar han sufrido agresiones sexuales. Estas personas sí que deben ser pesimistas.

Parte de la encuesta se ha llevado a cabo ¡por correo!

Eso sí que evidencia el optimismo de los investigadores. Bueno, que la han hecho enviando una carta a los centros de acogida. Con su conducta, me han chafado el chiste anterior. Vaya. Bueno. lo he tachado porque es un síntoma de pesimismo.

¿Y yo? Pues soy un optimista bien informado. Bueno que eso es en realidad una de las definiciones del pesimismo. No, soy optimista, porque eso, igual que los miedos, se aprende según el profesor de Esade y a mi me gustan los reptiles, mientras que mi madre no puede ni verlos.

No parece una prueba sólida. Porque el bebé que muerde a la serpiente puede ser un pesimista.

Ya. Pero es que yo vivo con una tortuga. Somos casi pareja de hecho. Tú no eres un optimista, tu eres un zoofílico o estás literalmente, ciego.

¿Ciego yo? Sí, hombre. ¡Qué optimista!

Cita el profesor Rovira a Seligman, un psicólogo que ahora investiga sobre el optimismo y los temas de inteligencia emocional, y antes investigaba sobre la depresión. En su teoría sobre el locus of control, mencionaba que una persona que no tiene control sobre los resultados de su conducta tiende a manifestar sentimientos y comportamientos característicos de la depresión, la expresión máxima del pesimismo, desde mi punto de vista.

Por ejemplo, si independientemente de como trabajes acaban por prejubilarte sin tu desearlo, el resultado de lo que has venido haciendo es consecuencia de la decisión de otros, no de la tuya. Si te lo tomas fatal, acabas deprimido, siendo un jodido pesimista.

¿Pero bueno, los del gráfico, los que no tienen un jodido duro, son pesimistas, no tienen suficiente cociente intelectual o no han leído a Rovira y Trías? Porque los homeless no les han leído, eso lo tengo claro. Como les enviamos el texto por correo.

Por cierto, que en el libro de marras sale el mago Merlín. Igual que en este libro mencionado por María ¡Qué casualidad! Salvo que este es más antiguo. Escrito por uno de los autores del modelo de negociación ganar-ganar.

Voy a seguir estudiando sobre optimismo y trabajo, que es lo mío, y a dejarme de hacer elucubraciones sobre textos que se parecen entre sí. Que parezco un pesimista. Jolines.

Y además, de esta me divorcio de la tortuga. Es que me dejé llevar por el optimismo. Como era más económica que un cachorro de galgo afghano.

6 Comments:

Anonymous la innombrable said...

Pues no sabría qué decir... bueno, sí, me considero una pesimista olvidadiza porque de vez en cuando me sale un optimismo que no me corresponde.

¿En cuánto influye el entorno? No lo sé, pero cuando he estado en reuniones de gente demasiado optimista no puedo evitar ser pesimista y decir: "¡qué gilimemos! parece mentira que no se den cuenta de que todo lo que dicen son cuentos"; y cuando me encuentro con gente demasiado pesimista tengo que pensar: "¡qué gilimemos! si cerraran un poco los ojos seguro que les iría mejor". Resumiendo, gilimemos son/sois/¿somos? todos, a mí lo que me pasa es que me gusta llevar la contraría (eso lo percibí cuando aún no era neonata)

Fdo: la noname (¡me ha gustado!)

2:43 p. m.  
Blogger Thalasos said...

Pues como usted lo explica tan bien, y además está en su derecho, me siento incapaz de añadir una coma o modificar nada. Así que muchas gracias por completar el post con información de primera. -&(^0^)&----------------------------------
-----Y------------------------------------

6:51 p. m.  
Anonymous la innombrable said...

es que a veces me esfuerzo, pero pocas :p
(y además soy una copiona, mira)
-&(^0^)&----------------------------------
-----Y------------------------------------

8:17 p. m.  
Blogger Telémaco said...

Thalasos, no termino de entender porque el pesimismo tiene últimamente tan mala prensa.

Yo comprendería que se defendiese un equilibrio entre pesimismo y optimismo, pero no un optimismo a ultranza. Pareciera que a los optimistas de la derecha (del gráfico) les molestan los lamentos de los pesimistas de la izquierda (del gráfico).

¿O serán tonterias mías?. A veces yo también me encuentro optimista, pero veo el telediario y se me pasa.

10:23 p. m.  
Blogger Thalasos said...

Sois unos optimistas empedernidos.
Eso es porque ganais pasta.
Y porque teneís un blog.
Y una familia.
Y una cabeza bien amueblada.
Y vacaciones de navidad.
Yo también lo soy, a qué engañarnos.
Un saludo, Telémaco.
Felices fiestas en la firma de consultoría y próspero futuro apra ti y los tuyos.

12:55 a. m.  
Anonymous Medea said...

jajajaj

pesimista: uno que tiene experiencia con eso de jugar a ser optimista...

Vamos, que debe ser mucho más saludable ser optimisma, porque la felicidad solo puede provenir de la inconciencia y de la locura...

6:39 p. m.  

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