29 de enero de 2006

Pablo: Fortune's Cookies

Salí de casa, pero al tirar de la puerta, esta se resistió a ser cerrada.
-¿Pero vas a ir así, hijo?
-Mamá, cómo quieres que vaya. Si está aquí al lado.
-Al menos ponte esta corbata, mientras extendía hacia mi una que jamás me he puesto, regalo de mi tío Alfonso, con dibujos rijosos del pato Donald y Daisy en posturas del Kamasutra.

-Si no me pega con el pullover y los pantalones tan cortos.
-Toma, ponte esta camisa de tu hermana y este pantalón. Me ha dicho qeu ella no los quiere ya.
-¡Mamá!
-Que te los pongas. Mejor esto que lo que llevas. Además que los orientales son amantes del color rojo, hijo, que da suerte y fortuna.
-Sí, pero el pantalón de mi hermana es rosa y elástico, mamá. Y esa camisa marrón con hojas verde musgo y cintas amarillas no me va a entrar por el pantalón. Los faldones son muy cortos y redondeados.

-¡Ya sabía yo que te habías fijado en la camisa! ¿A que es bonita? Venga, desvístete mientras te hago el nudo de la corbata. ¿Prefieres uno americano o un Windsor? No, mejor el italiano, que el Windsor te hace parecer muy mayor. Como un político.

Mientras me desvestía en el descansillo, la señora Dolores, del piso de al lado salió del ascensor. Al verme en calzoncillos, haciendo equilibrios para sacarme una de las perneras, dando saltitos y con los testículos fuera de la prenda, colgando como abalorios de madera, se le cayó al suelo la bolsa de la compra, emitiendo un sonido de cristales rotos. Solté la pernera y arrastrando el pantalón enrollado en el tobillo izquierdo, me acerqué a ella.

-¿Puedo ayudarla, Dolores?

-No, no, ni se te ocurra. Y a mi hija no te acerques. ¡Degenerado!

- Disculpe, le dije, mientras con la mano derecha recogía la bolsa del suelo y con la izquierda me guardaba las bolillas.

-¡Venga, Pablo, hijo, que llegas tarde!

Le dirigí la bolsa, pero no quiso tomarla. Salió corriendo, abrió precipitadamente la puerta y cerró mirando hacia mi con cara de terror.

-Toma mamá, dásela tú cuando me vaya.

-Si, luego. Primero miraré si nos viene bien algo de lo que contiene. Ahora termina de vestirte y dame la ropa que llevas.

Acabé de desnudarme. Me quedé con los calzoncillos, una zapatilla puesta y la otra junto a los escalones. El hijo pequeño de la señora Dolores salió de su casa, le dio una patada a mi zapato, que se precipitó hasta el descansillo del tercero y me espetó:

-De parte de mi madre, que me devolváis la bolsa. Pero que no la toques con la mano izquierda.

-Toma, niño, dásela a tu mamá.

El niño cogió la bolsa de manos de mi madre y se encaminó hacia la puerta, dejando un reguero de leche o algo similar, desde el felpudo de la puerta de casa hasta el de la suya.

-He cogido una bolsa de mandarinas, hijo. Como están tan caras, nos vendrán bien.

-¡Pero mamá!

-Venga termina ya. A ver, que te ponga la corbata. Que guapo estás.

No dije nada, Me sentía ridículo, con esos pantalones apretados, marcando almohadilla, la zapatilla de deportes ´la otra la recogería después- a las que se le iluminaban los tacones a medida que ibas pisando, la camisa, de botones dorados y con ojal a la derecha de las blusas femeninas. Mamá me alisó un remolino, mojándose la mano con saliva.

Bajé las escaleras, después de darle un beso, recogía la zaaptilla y salí a la calle.

En la tienda Xuan o Juan hablaba con varios chinos. Bueno, en realidad gritaba como una fiera. Cada frase la iniciaba soltándole un soplamocos a alguno de los chinos, que estaban enmudecidos. Dos de ellos sorbían los mocos, mientras les caían lagrimones de tristeza.

Al verme, Xuan, se olvidó del grupo, que desapareció entre las estanterías del almacén, viniendo hacia mi con los brazos extendidos y una sonrisa parecida a la de una hiena, apenas un agujero en su cara, que dejaba asomar dos dientes y numerosos huecos.

-El español ha venido. Me aleglo. Ven pasemos al fondo del almacén, al centlo de opelaciones.

Le seguí y llegamos a una habitación en la que se acumulaban todo tipo de objetos y cajas de cartón. Parecía un muestrario de los horrores. Animales disecados, muñecas sin cabeza, objetos irreconocibles, una mesa con restos de comida, equipos de música, plantas y flores de papel, todo diseminado por el suelo, amontonado en varios pisos, en equilibrios imposibles. Un cubo y una fregona junto a la torre del ordenador y la mesa, escoltada por dos sillas. Xuan me invitó a tomar asiento en una de ellas.

-¿Qué quieres tomal?

-Lo que sea. Me da igual.

De un cajón de la mesa sacó una botella con un enorme lagarto dentro de ella. De encima de la mesa tomó dos pequeños cuencos de porcelana, los llenó y me extendió uno. Cuando miré el fondo del cuenco, vi en él un hombre desnudo, con un enorme pene en erección. Xuan se rió.

-Alte chino. Bébelo de un solbo, da fuerza sexual. ¿Entona? Eso, entona.

Cerré los ojos y me bebí el mejunje de un solo trago. Dejé el cuenco en la mesa. Volvió a llenarlo. Mi estómago protestaba. Yo no dije nada.

-Bueno, hablemos de negocio. Tenemos una glan necesidad de contlol de calidad soble el ploducto.

Tienes que sel la pelsona de contlol. ¿Tú quiele tlabajal pala el impelio chino?

-Bueno, es que yo no sé de calidad ni nada de eso.

-Es muy fácil. Tú va a empezal con las muñecas de callput. El ploducto estlella. Tienes que milal que funcionen collectamente. Tú velás como es fásil.

Se levantó y extrajo una muñeca de unos 30 cms de altura, como una de esas que están vestidas con un uniforme y llevan una trompetita. Pero estas tenían rasgos orientales y en lugar de trompeta, un botijo de plástico. Debajo de las faldas sobresalía una especie de orinal y de él una cuerda de algodón, como las que emplean las pastelerías para envolver. Xuan tiró de la cuerdecilla, sonó un ruido como de gárgaras, como si la muñeca bebiera y tragara del botijo y con un ¡cloc! Algo cayó en el orinal. Algo que había salido del cuerpo de la muñeca. No sé de dónde. Ya lo averiguaría.

-Tú tendlás que asegulalte de que las paltidas de muñecas hacen el sonido y de que están llenas de chinese' fortune cookies. Galeltas de foltuna.

-¡Chinese cookies? ¿Lo que acaba de caer, bueno de salir de la muñeca?

-Exacto. Tu occidental, pelo muy listo. Velás, cookies han de estal esclitas en idiomas de España. Vasco, catalán, galego y español. Y tu tlabajo consiste en complobal que las paltidas son colectas pala cada nación. Que no hay confusión. Muy impoltante no confusiones, polque de lo contlalio yo pierdo dinelo en cada país.

Me contó el negocio y en qué consistía mi trabajo. Xuan y sus socios habían inaugurado una red de distribución de muñecas callput. Cada papelito o galleta de la fortuna, las chinese' cookies llevaba escrito un mensaje. Podía ser put o call. Quien encontraba el mensaje, llamaba a un 809 y comprobaba si tenía premio o no. Si había premio, recibirían una cantidad de dinero, descuento en al adquisición de productos, según el precio de las materias primas en el mercado de …Chicago.

Por ejemplo, si el papel decía 45 put 43, 1000, la persona podía optar por adquirir frascos de Tofú a 43 céntimos dentro de dos meses o vender los frascos a 45 hoy. La prima para Xuan era el 60% del precio de la llamada más la subvención. La llamada costaba 1, 25€ más impuestos.
-¿La subvención? Le pregunté, cuando en realidad apenas había comprendido algo de lo que me había mencionado.

-Velás, nosotlos somos plopietalios de algunas cabinas telefónicas en todas las comunidades, bueno en las que vendemos muñecas. Las pelsonas que solicitan una opelación tienen que complal las muñecas en nuestras tiendas clientes y además solicital la opelación a tlavés de nuestlas cabinas. Pol las cabinas tenemos subvención del gobierno chino.

-Así cuando haya guella comercial con Occidente, contlolalemos palte de las comunicaciones intelnacionales. Pol otlo lado, la cuelda de la muñeca es de algodón español, y tenemos una subvención de 6 eulos pol cuelda. Como las cueldas se lompen mucho, son casi treinta eulos al año. Las cueldas las leponemos en las tiendas y también los lecambios de galeltitas.

-Pero entonces ¿tú compras las cuerdas?

-No las cueldas las compla una fáblica valenciana y las distlibuye intelnacionalmente hasta una fáblica Filipina. Luego entlan en China, montadas en las muñecas.

-No entiendo nada.

-Como ploducción de algodón español finaliza en 2009, las cueldas tienen buena subvención. Sólo las emplea la fáblica de Tampax en Chiple y nosotlos. Muy lentable todo. Pero, venga, venga, tu sólo calidad, contlol de muñeca. Mila esta es tabla aleatoria- Tú cuentas puestos desde aquí, ¿ves?...

Me dio la tabla. Tenía que numerar a los chinos que trabajaban en el almacén de Xuan y aplicar la tabla para controlar de manera aleatoria las muñecas. Por ejemplo, iniciar la cuenta en el tercer chino que estuviera trabajando, buscar en la tabla, en las filas y en las columnas, hasta encontrar el número de cruce y a partir de ahí buscar en las cajas que ya hubiera llenado el chino con muñecas, hasta encontrar la muñeca número X, tirar de la cinta, comprobar sus funcionamiento y devolver la galletita de la fortuna a su cuerpo… pero por la espalda, donde había un pequeño compartimiento para reponer las galletitas.

-¿Quién compra las muñecas, Xuan?

- Chinos y ecuatolianos. Hay una glan colonia china en la ciudad de Quevedo y ellos han enseñado este juego a los ecuatolianos. Muchos clientes en toda España. Muchos. Pueden conseguil descuentos en ploducto, según apuesten pol la evolución de la soja o del plecio del coble en melcado de Chicago.

-¿Tu acepta el tlabajo?

-Si es tan fácil, tendré que aceptarlo. ¿Cuándo empiezo?

-Ahola. Plimelo tu comel con nosotlos. Con mis plimos de la plovincia de Zhejiang. Llegaron anoche. Han tlaido pello del Nolte en conserva. Te gustalá.

-Prefiero comer en casa, igual me están esperando.

-Tontelía. Tú con nosotlos. Tengo que plesentalte al personal.

Me apresté a degustar el perro del Norte. Aunque, bien mirado, también podría ocultarlo en alguan de las muñecas. Una cookie que no pasaría el control de calidad.




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4 Comments:

Blogger Susana said...

Jeje, muy bueno. Me hizo mucha gracia lo de la patada que le da el niño del vecino al playero...

Un saludo

5:39 p. m.  
Blogger chousas said...

Bueno bueno... Pablo currando para el PCCh...
Que haga bien el trabajo, que como a Rajoy le toque una cookie en catalán se puede liar...
Por cierto, parece ser que sí se habla bastante chino en las tiendas de Madrid ¿no? jajaja

1:39 a. m.  
Anonymous la innombrable said...

:D y el chino ¿no se fijó en el modelito exclusivo que llevaba Pablo? seguro que había sido fabricado en su país por sus primillos :D

9:44 p. m.  
Blogger Thalasos said...

Llevo un rato buscando la zapatilla de bajo de la cama. Por lo de inspirarme de la realidad, Susana.

Amigo Chousas, hace una plétora de años vino un fulano chino a MAdrid y aprovechando el viaje publicaron cuatro palabras y dos ideogramas chinos en la prensa. Pero no se les ocurrió regalarnos un carnet del partido. Así que hoy día me siento como un extranjero en Madrid. Bueno lo que soy entre tanto recogefirmas.

Noname, pensar que el pantalón fue rojo en el pasado. YA es que ni hay rojo, rojo, ni hombres, ni na de na...

Un beso. Bueno, a cada una el suyo.

12:34 a. m.  

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