2 de agosto de 2005

Pablo: Pruebas físicas II



Abrió de golpe la habitación y dijo, con energía:

-Vamos a realizar las pruebas físicas en primer lugar.

Me incorporé, mientras Marie recogía los instrumentos de pedicura, le sonreí, a Marie, claro, y me agaché para recoger los calcetines y los zapatos.

-¡No es preciso que se calce, ese equipamiento le sería de poca utilidad. ¡Sígame!
Salí detrás de ella, con los calcetines y zapatos en una mano, la bolsa de costado en la otra y el periódico bajo la axila.

Llegamos a la sala próxima a la recepción, donde se encontraban algunos de los candidatos hablando entre ellos. Al verme, enmudecieron. Mal asunto, pensé, sintiendo un escalofrío entre las vértebras.

Seguí a madame bovary hasta un rincón de la sala, donde había una mesa circular y de madera, adornada con bellos repujados de motivos orientales, sobre la que habían colocado una bandeja de cristal, también dorada y una copa.

-¡Tómese esto!

Me extendió una copa grande de balón, llena hasta el mismo borde con un líquido de tres colores: blanco en la zona inferior, amarillo en la central y violeta encima. Como una bandera, aunque algo agitada… y amenazante.

-¿Qué es esto?

-¡Confianza! Si pretende trabajar para nosotros, tendrá que confiar.

La base de toda relación, de todo crecimiento personal, espiritual y económico se fundamenta en la confianza. ¿Acaso está en desacuerdo?

-Sí, claro que sí. Conteste movido por un sentimiento profundo de obediencia a la sargento instructora.

-O sea, ¡Que lo está!

-Sí, digo, bueno, creo que… me beberé esto.

-Bien. Es leche de almendra, chartreuse amarillo y decantación de flor de lavanda. Le vendrá bien para reponer fuerzas. Además, representa la enseña de nuestra firma, Das Modern ETT: Blanco, pureza, honestidad, amarillo, alegría e hígado y violeta, templanza y lucidez.

Deglutí el brebaje. Cuando la franja amarilla alcanzó mi garganta, lancé un sonoro ¡puaj! y vomité lo que había ingerido, aderezado de una pulpa formada de mortadela a medio digerir, lechuga, pan y jugos gástricos. Medio bolo alimenticio sobre la tarima.

-¡Perdone! Dije, mientras un hilillo de líquido asomaba por mis fosas nasales y se escurría por la zona del bigote.

-Está muy fuerte para mí.

-¡Me alegro! Ha superado la primera prueba. No nos gusta contratar a bebedores ni a potenciales alcohólicos. El licor de la mezcla tiene 40º. El rechazo que le ha provocado y la velocidad con que lo ha conseguido demuestran que está usted en el centil 90 dentro de los no consumidores de alcohol. Aunque siempre hay un margen de error, evidentemente.

-Además, que lo ha digerido sin dudar demasiado. Es usted una persona disciplinada. De momento vamos muy bien. Y ahora, ¡Al vestuario! Sea precavido al elegir la vestimenta para las pruebas físicas. Tiene 5 minutos, ni uno más.

Me limpié con la manga del Pulligan que llevaba alrededor de la cintura. La bragueta se había bajado completamente, después de la aventura anterior y dejaba ver mis calzoncillos. Pero no había solución para el pantalón del uniforme del colegio.

La examinadora no dijo nada.

Yo tampoco. Me giré y caminé a buen paso hasta el final de pasillo.

El vestuario era, en realidad un dormitorio, dominado por una cama con colcha rosa rellena de miraguano, cojines a juego decorados con encaje blanco que al tocarlo comprobé que era de hule, unas cortinas a juego, hasta la mitad de la pared, cubriendo la ventana y dejando al descubierto una salamandra de invierno, cuyo tubo de humos se perdía en un agujero salida de chimenea junto al marco de la ventana.

Habían hecho un agujero en una de las dos cortinas y por allí pasaba el tubo.

No tenía tiempo que perder. Sólo disponía de 5 minutos, así que miré los elementos que había por el suelo, encima de una silla y en un galán de noche, que mesobresaltó porque, con la ropa que le cubría me recordó al panocho.

- Tres pares de botas Katiuska: negras, amarillas y verdes.

- Tres pares de zapatillas de deportes: unas de esas de corredor, unas victoria de verano con suela de goma y unas botas de lona roja, de baloncesto, tipo converse.

- Dos jerséis de cuello alto, uno de ellos escocés, de Shetland en tono hueso; el otro más fino, en angorina azul celeste.

- Un impermeable color azafrán, un anorak fosforescente, similar a los que utilizan los guardias urbanos y una coreana de estilo mod, años sesenta.

- Tres pantalones, uno de deporte, un peto de plástico o goma, de pescador, y otro de pana.

- Tres pares de calcetines, blancos de algodón, negros de hilo de escocia y gruesos de montaña, estos últimos a franjas marrones y amarillas.

- Tres modelos de ropa interior, un tanga con una especie de trompa por delante para, ¿guardar eso?, un tanga rojo más convencional y una gayumba como la que enseñan los vaqueros en las películas del Oeste, justo antes de zambullirse en una tina de madera.

Piensa, piensa, me dije, mientras me desnudaba.

Me puse el tanga con trompa, pero como la trompa era muy grande para mí, me lo quité y probé con el rojo. Por detrás me rozaba demasiado con la fístula que, por el calor, se me había reproducido hacía unos días así que me los quité y acabé con la gayumba.

Esta elección descartaba por completo los elementos deportivos de entre las elecciones posibles. Decidí con rapidez el resto de elementos porque me quedaban algo menos de dos minutos de tiempo:

Calcetines gruesos de montaña.
Jersey de Shetland
Peto de goma de pescador
Coreana
Katiuskas amarillas

El resto de calzado disponible, descartados los deportivos, era muy grande o extremadamente pequeño. Incluso estas botas eran ridículas de tamaño. Dentro de ellas mis dedos disfrutaban de tanto espacio como una bufanda en el contenedor de ropa usada de un hospital.

-¡Por esto me han hecho la manicura, digo, la pedicura! Pensé, en un alarde de lucidez. Aunque no me parecía la mejor explicación. En las boleras, por ejemplo, casi siempre hay calzado disponible para quien no utiliza uno propio. Y no te hacen la pedicura, bueno, al menos, no en la que yo frecuento.

Cuando acabé de disfrazarme tenía el aspecto de un extra como estibador en la película los lunes al sol.

Salí al pasillo y caminé tan deprisa como pude hasta el recibidor donde se encontraba la señora. Me habían sobrado 16 segundos.

Ella detuvo el cronómetro.

-¡Perfecto! Soltó, mientras sus labios anunciaban una mueca próxima al repudio y que pretendía formar el arco de una sonrisa.

-Aunque vamos a restarle cuatro puntos sobre los 9 posibles, porque no se ha colocado la caperuza de la coreana sobre la cabeza. Como antes había adquirido algunos puntos por su de la defensa personal, esto le deja casi como al principio, así que le aconsejo que combata en la lucha mexicana.

-Pero …

-Siga mi consejo, Pablo, ¡Anímese!

-Pero es que con el atuendo no llegaré muy lejos en el combate.

Ya me imaginaba corriendo por el ring con las botas Katiuska color amarillo, los dedos abrazados entre sí dentro de ellas y la caperuza de la coreana cubriéndome el flequillo, mientras el panocho me calentaba la espalda con la mano escayolada en acero.

Como si me hubiera preparado por mi cuenta para aprender budokan con unas instrucciones en polaco. Ese era mi aspecto.

¿De qué íbamos a trabajar aquí, bueno, donde fuera que nos enviarán?

Ya pensaba como un novato en cualquier oficio donde se trabaje de uniforme. Destinar era mi pregunta, Destino la respuesta.

Humor

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2 Comments:

Anonymous María said...

Hola. Creo que te hacen una pruebas muy raras. ¡Vaya trabajito que te van a dar! como sea acorde. Por cierto, ¿no te hiciste una foto con todo lo que te pusiste? La podías incluir.
En contestación a tu pregunta puedes apuntarte mi blog para curiosear, si quieres, no hay problema, jeje. Yo curioseraré por el tuyo. Un saludo

11:40 p. m.  
Blogger Thalasos said...

Muy buena idea incluir una foto con el atuendo. Se lo comunicaré a Pablo... cuando vuelva de Toledo. Aunque mejor le llamo ahora mismo
-¡PABLO!
Es que no tiene modafone aún.
Gracias por el comment, María.
See you.

12:00 a. m.  

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